lunes, marzo 14, 2011

Libertad


Hace años que deje de avergonzarme de mirar de frente a la gente y mostrarme vulnerable cuando me viniera en gana.

Hace tiempo que aprendí que los más vulnerables no son lo que más lo parecen, sino los que más esconden su miedo e intentan enterrar bien profundo sus miserias.

Los que gastan energías en parecer y se olvidan de intentar ser mejor personas para sí mismos y en consecuencia para los demás.

Todo eso se pierde el mundo, ¡lástima!

Intento convencerme de que las personas no valen lo que se esfuerzan en demostrar, sino lo que brilla su recuerdo en el corazón ajeno, y el calor que desprende su imagen en la mirada de los otros...

Ya está bien de tanta fastasmada, tanto miedo, tanta prepotencia y tanta estupidez en suma.

Me cansé de dar explicaciones e intentar estar a la altura de gente que no dejará más huella en la vida que el sendero de hormiga que dejamos todos antes de irnos de este breve camino de la vida.

No me queda paciencia, ni ganas, ni mucho menos más tiempo para malgastar en tonterías, exigencias egoístas, listones absurdos, manipulaciones emocionales y demás artimañas.

Me centro en vivir que no es poco, en resistir bailando y cantando, en amar a los míos, en aprender lo que se puede y sobretodo en reirme de todo y, especialmente, de mis neuras y defectos. En pasar por esta vida intentando no hacer el mal a nadie, que bastante negro pinta el horizonte para que lo compliquemos innesariamente.

El día que asumí estas pocas conclusiones y las ondée al viento por bandera,

.....fue el día que al fin FUI LIBRE.

miércoles, diciembre 23, 2009

30 años y rumbo al estreno de un nuevo año


30 años y rumbo al estreno de un nuevo año....

Carezco de perspectiva para situarme en posición de hacer balances. Solía hacerlo por estas fechas o durante los primeros días de cada año pero creo que esta vez no me atrevo a hacerlo.

Siento que he estado en “stand by” un año entero, sumergida en un bote de calma líquida, suspendida en una especie de felicidad tranquila, cual feto en estado de gracia que no se plantea las desdichas que le esperan fuera del acogedor útero materno.

Y de repente alguien apretó el acelerador de nuevo.
Ya no son los pisos, son las bodas y los hijos. ..
Los viajes transoceánicos de quienes descubren otros exóticos paisajes.
O los viajes espirituales a otras culturas que remueven y sacan a flote cambios internos que llamaban a la puerta de nuestras conciencias desde hace un tiempo.
Son los cambios profesionales que ya tocaban, los grandes planes que estaban pendientes y que hay que hacer ahora porque ya es el puto momento.

Y yo sigo en mi bote suspendida en mi nada, pero ahora ya algo más intranquila. Repentinamente aterrada con un nuevo movimiento, una nueva exigencia, un nueva presión hacia no se sabe muy bien qué...

Y solo puedo pronunciar débilmente “Dejadme en paz, tengo la sensación de que la vida debe ser otra cosa”.

Y hasta que no descubra exactamente que es, como alguien más se empeñe en golpear mi cristal le voy a dar una patada en la agenda, para ver si la pierde y se mete conmigo en el bote a reflexionar un poco.

Creo que es necesario.....es más, es imprescindible.

lunes, mayo 25, 2009

Meditando en zona residencial

Bien...

Esta tarde decidí que me urgía realizar un ejercicio de instrospección. He de conectar con la burguesa que se esconde dentro de mi, que anda alertagada en algun ricón de mi subconsciente pero que en ocasiones se remueve ante ciertas imagenes y situaciones. Tengo que hablar con ella para ver de qué va esta historia....

Se trata de analizar cómo me siento exactamente cuando regreso a esta urbanización a la que es imposible calificar de "barrio" y observo aterrada como decenas de niños se apiñan en un parque multicolor que destila pulcritud mientras sus cuidadoras rumanas, bulgaras, ecuatorianas, etc... se afanan por que su niño consiga en sitio en el columpio.

Imagino a sus padres trabajando como mulas, exactamente igual que yo hace un rato, e intento reflexionar si lo que no separa son tan solo unos años o si más bien lo unico que tenemos en comun ellos y yo son estas calles por las que ando......un poco desorientada aun, camino de un piso al que aun me cuesta llamar "mi casa".La verdad es que no lo tengo nada claro.

Al fin y al cabo es cierto que tambien fui a colegios de esos en los que te forman como persona y te dan una educacion humanista, en los que te inculcan valores y principios y en los que es dificil no salir lleno de prejuicios. Bien sea en un sentido o precisamente en el contrario.

Sigo andando por la calle y observo el colegio que estan construyendo en frente de mi casa, aquel al que pensaba llevar a mis hijos y del cual estoy empezando a oir el mismo discursito expuesto en el parrafo anterior. Y no se muy bien cómo acabará esta historia porque el colegio publico del pueblo esta masificado y el de la urbanizacion no creo que llegue a hacerse nunca.

Total, saco la conclusion de que si tengo suficiente dinero y en aras de la conciliacion laboral, tendre que llevar a mis hijos al colegio que esté mas cerca. Y punto pelota.

Es decir, a este nuevo y flamante centro.

Ya es malo que la burguesa que hay dentro de mi no diga nada, de eso extraigo la conclusion de que está de acuerdo, pero lo que es aun peor es que la otra tampoco diga ni pío....

¿O tal vez será que me estoy haciendo mayor?

Si ,tal vez sea solo eso.....a pesar mio...


miércoles, abril 15, 2009

Me han traido un regalo

Pobre no es el hombre cuyos sueños no se han realizado, sino aquel que no sueña
- Marie Von Ebner

sábado, marzo 28, 2009

Esperanza


Echando la vista atrás y viajando tan sólo un poco en el espacio físico me sitúo en ese vecindario de torres blancas altísimas y sencillos bloques naranjas. Un vecindario que se levantó hace más de 30 años en un terreno a las afueras de la capital con los esfuerzos de una cooperativa formada por gente trabajadora que había sido estafada previamente. Cada ladrillo hablaba de ilusiones truncadas, sudor y trabajo duro; cada ladrillo hablaba de la gente que albergaban esas casas modestas y felices….de ese barrio que no pudo llamarse de otra forma sino Esperanza.

Echando la vista atrás recuerdo sus enormes jardines y descampados y aquellos parques donde di mis primeros pasos, parques amplios de esa periferia donde aun no llegaba el metro. En aquellos descampados enterré a mis primeras mascotas y en las moreras que los habitaban recogíamos hojas para alimentar a nuestros gusanos de seda. Allí construimos cabañas con vallas de obra, decoradas con alfombras viejas y macetas desechadas por algún vecino. En las zanjas de las obras jugábamos junto a los niños del barrio a que éramos soldados en las trincheras de la segunda guerra mundial.

En sus hermosos jardines nos tocó ver los estragos de la heroína en los 80 mientras las advertencias de nuestras madres sobre jeringuillas y extrañas enfermedades retumbaban siempre en nuestras cabezas.

Recuerdo crecer entre juegos imaginarios y peonzas. Disfrutar del hula-hop, la comba, la goma, el rescate, la liebre, el escondite inglés, las chapas…También recuerdo a mis hermanas mayores y sus amigos poner un trozo de hule en el suelo y hacer espasmódicos movimientos y piruetas que ellos llamaban break-dance. Nosotros preferíamos jugar a que eramos bailarines de la serie fama o las chicas pijas de sensación de vivir algo más adelante, aunque nuestra vida en nada se parecía a la de ellas (aun me pregunto cómo pudo triunfar tanto esa serie).

Recuerdo el miedo que les teníamos de pequeños a los vecinos del poblado gitano cercano, que se tornó en fascinación adolescente unos años más tarde. Nuestros héroes de aquellos años eran pequeños villanos llamados el Tony, el Manu, el Rafita, el Peque..y las heroínas eran las niñas que jugaban a ser mayores colgadas de sus brazos y que a menudo pagaban parte de las consecuencias de los actos de sus chicos.

Echando la vista a atrás recuerdo a un padre omnipresente en la terraza, cuya mirada vigilante perseguía cada movimiento extraño que tenía lugar tres plantas más abajo, en ese muro del aparcamiento donde pasábamos tantas horas y donde no me gustaba estar, por ser consciente del ojo protector que ejercía su función arriba.

Recuerdo los corrillos de vecinas y las operaciones femeninas de espionaje detrás de los visillos, cuyos frutos daban eficaz cuenta a mi madre de mi evolución, mis compañías, mis costumbres y las de mis amigas. Esa molestia presencia solo he podido valorarla con la perspectiva de los años y la distancia, puesto que a la vez eran madres sustitutas dispuestas a ayudarte en cuanto lo necesitaras ya fuera abrirte tu casa si olvidabas las llaves de la tuya, curarte una herida o darte el bocadillo de merienda exactamente igual que su propio hijo.
Esa cercanía y ese sentimiento de comunidad no he vuelto a sentirlo en ningún otro lugar donde he vivido y aunque nunca pensé que lo echaría de menos, lo cierto es que ahora lo añoro.

Añoro también aquellos amigos de barrio con los que me crié, con los que descubrí tantas cosas buenas y malas, con los que fui a mil fiestas y algunas peleas y con los que compartí mil confidencias sintiéndonos prácticamente como hermanos.

Hace no demasiado volví a Esperanza por la boda de una amiga. Ibamos casi todos los amigos del barrio muy elegantes y mayores acompañados por nuestras parejas y desfilando por la entrada de la iglesia. Mientras saludábamos a los corrillos de vecinos que ya nunca veíamos, me pareció notar un halo de orgullo en sus miradas y un velo de emoción en sus retinas al observarnos.

Justo igual que en las nuestras al volver a verles, como cuando se reencuentra uno con un familiar querido y largo tiempo añorado.

miércoles, marzo 11, 2009

Letargo

Ha regresado al letargo en el que se sumerge cuando se acuerda del rincón donde yacen aparcados sus sueños. Se pega manotazos en la cara, tratando de ignorarlo y avanzando como una autómata en el desierto del día a día.

Pero no puede evitar fijarse en que los árboles lucen un verde apagado, que el viento no le huele a primavera y que hace semanas que no tararea canciones.

Hace semanas que su estrella no brilla como debiera.

Ni siquiera siente la ira que siempre ha creído legítima cuando uno malgasta su vida.

Levanta la cabeza y mira por la ventana lanzando su mirada al horizonte, obligándose a soñar…..pero su cabeza no genera imágenes, ni recuerdos ni proyectos.

Se sorprende del vacío que encuentra en la mirada reflejada por el cristal.

Y siente frío y miedo de no volver a encontrar nunca aquello extraviado.

De que la estrella no vuelva a despertar como en otras ocasiones,

Y miedo de algo aún mucho peor,
que la vida en realidad termine siendo ese letargo.

11 DE MARZO

domingo, febrero 15, 2009