
Hace años que deje de avergonzarme de mirar de frente a la gente y mostrarme vulnerable cuando me viniera en gana.
Hace tiempo que aprendí que los más vulnerables no son lo que más lo parecen, sino los que más esconden su miedo e intentan enterrar bien profundo sus miserias.
Los que gastan energías en parecer y se olvidan de intentar ser mejor personas para sí mismos y en consecuencia para los demás.
Todo eso se pierde el mundo, ¡lástima!
Intento convencerme de que las personas no valen lo que se esfuerzan en demostrar, sino lo que brilla su recuerdo en el corazón ajeno, y el calor que desprende su imagen en la mirada de los otros...
Ya está bien de tanta fastasmada, tanto miedo, tanta prepotencia y tanta estupidez en suma.
Me cansé de dar explicaciones e intentar estar a la altura de gente que no dejará más huella en la vida que el sendero de hormiga que dejamos todos antes de irnos de este breve camino de la vida.
No me queda paciencia, ni ganas, ni mucho menos más tiempo para malgastar en tonterías, exigencias egoístas, listones absurdos, manipulaciones emocionales y demás artimañas.
Me centro en vivir que no es poco, en resistir bailando y cantando, en amar a los míos, en aprender lo que se puede y sobretodo en reirme de todo y, especialmente, de mis neuras y defectos. En pasar por esta vida intentando no hacer el mal a nadie, que bastante negro pinta el horizonte para que lo compliquemos innesariamente.
El día que asumí estas pocas conclusiones y las ondée al viento por bandera,
Hace tiempo que aprendí que los más vulnerables no son lo que más lo parecen, sino los que más esconden su miedo e intentan enterrar bien profundo sus miserias.
Los que gastan energías en parecer y se olvidan de intentar ser mejor personas para sí mismos y en consecuencia para los demás.
Todo eso se pierde el mundo, ¡lástima!
Intento convencerme de que las personas no valen lo que se esfuerzan en demostrar, sino lo que brilla su recuerdo en el corazón ajeno, y el calor que desprende su imagen en la mirada de los otros...
Ya está bien de tanta fastasmada, tanto miedo, tanta prepotencia y tanta estupidez en suma.
Me cansé de dar explicaciones e intentar estar a la altura de gente que no dejará más huella en la vida que el sendero de hormiga que dejamos todos antes de irnos de este breve camino de la vida.
No me queda paciencia, ni ganas, ni mucho menos más tiempo para malgastar en tonterías, exigencias egoístas, listones absurdos, manipulaciones emocionales y demás artimañas.
Me centro en vivir que no es poco, en resistir bailando y cantando, en amar a los míos, en aprender lo que se puede y sobretodo en reirme de todo y, especialmente, de mis neuras y defectos. En pasar por esta vida intentando no hacer el mal a nadie, que bastante negro pinta el horizonte para que lo compliquemos innesariamente.
El día que asumí estas pocas conclusiones y las ondée al viento por bandera,
.....fue el día que al fin FUI LIBRE.





